Pan de elote casero esponjoso: receta tradicional mexicana

Hay recetas que nunca fallan, y el pan de elote casero es, sin duda, una de las más buscadas y queridas. Su aroma irresistible al salir del horno, esa textura suave y esponjosa, junto con su delicado sabor ligeramente dulce, lo hacen un clásico reconfortante que siempre llega al corazón, y es el match perfecto con una rica taza de café.

Esta receta resulta particularmente esponjosa, suave y muy sencilla de preparar en casa, perfecta para compartir en familia durante un desayuno o merienda.

Tabla de contenidos
  1. Ingredientes
  2. Preparación

Ingredientes

  • 4 elotes medianos (desgranados, preferentemente frescos y tiernos)
  • 3 huevos
  • 1 taza de azúcar (blanca o morena, según la que tengas en casa)
  • ½ taza de mantequilla derretida (puedes sustituirla por aceite vegetal neutro si necesitas una versión más ligera)
  • ½ taza de leche (entera para mayor cremosidad, o evaporada para un resultado más tradicional)
  • 1 taza de harina de trigo (todo uso, cernida para que quede más esponjoso)
  • 1 cucharada de polvo para hornear (levadura en polvo)
  • 1 pizca de sal

Preparación

  1. Precalienta el horno a 180 °C (350 °F) y engrasa un molde para hornear.
  2. Licúa los elotes junto con los huevos, el azúcar, la mantequilla y la leche hasta obtener una mezcla homogenea.
  3. Agrega la harina, el polvo para hornear y la sal. Licúa solo lo necesario para ir mezclando; no batir mucho.
  4. Vierte la mezcla en el molde previamente engrasado, (para evitar que se pegue en el molde o aluminio.)
  5. Hornea durante 45–50 minutos, o hasta que al insertar un palillo salga limpio.
  6. Dejar reposar por lo menos 10 minutos antes de desmoldar y cortar.

Una vez que hayas dejado reposando por al menos 10 minutos, el aroma llena toda tu cocina y es imposible resistirse a cortarlo tibio. Esa primera rebanada, que se deshace suavemente en la boca, es es la gratificación después de un rato sencillo en la cocina. Este pan no solo sabe a tradición mexicana, sino que lleva consigo recuerdos de abuelas, meriendas en familia y tardes tranquilas con cafecito recién hecho.

Lo mejor de esta receta es su versatilidad: puedes disfrutarlo solo, con un poco de mantequilla o crema, como postre ligero o incluso como desayuno energizante.

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